martes, 17 de diciembre de 2013

Señores de traje negro



Parece una película pero no lo es.

Al sobrino de N. le fallan los frenos de la moto y muere debajo de un camión. Queda ahí tirado. Solo. a la espera de la policía científica, los forenses o quién sabe todos los que deben pasar por el lugar para verificar los hechos. 

Alguien toma el celular del difunto. Llama a los amigos. Llama al trabajo. Llama a los familiares. Llama a la madre, que vive en Corrientes. Sin compasión, sin escrúpulos, ese alguien anuncia esta muerte estúpida y tantea el panorama.

El sobrino sigue tirado ahí, en la calle. Es como si se hubieran olvidado de él. 

Dos señores de traje oscuro se aparecen en la casa del sobrino muerto. El tío los recibe sorprendido. No entiende lo que está pasando. Los señores informan el suceso y se ofrecen a solucionarlo todo. Todo. Abren y cierran una carpeta. El tiempo se apresura y se detiene.  Dicen que hay que traer a la madre, que ellos eran conocidos del difunto, que pueden encargarse del juicio, de los trámites, del cuerpo, de todo. Abren la carpeta. Cierran la carpeta. Necesitan que se les firme un poder. El asunto tiene un precio. Abren la carpeta. El cuerpo del sobrino sigue tirado en el suelo. Para que la familia pueda recibir algún dinero hace falta que intervenga alguien como ellos. Cierran la carpeta. Un poder es suficiente. Abren la carpeta. Las informaciones que brindan los dos hombres son difusas. La tía les pregunta cómo se llaman. Cierran la carpeta. Los señores tienen nombre y tienen traje. Pero carecen de apellido. El tiempo corre. Abren la carpeta, hacen girar la lapicera. El cuerpo sigue muerto en el medio de la calle. La familia piensa y piensa. ¿De dónde conocía el sobrino a estos dos tipos? Los datos son inciertos. El tiempo vuela. La familia duda. Los señores cierran la carpeta. La vida gira como un trompo y el tiempo se detiene en el poder de la carpeta. La familia dice que lo va  a pensar. Los señores prometen que volverán mañana. El cuerpo del sobrino se enfría lentamente en el asfalto. Está muerto. Y está solo.



lunes, 19 de agosto de 2013

Predicar con el ejemplo vale para todos





¿Y qué pasa si no me gusta Lanata pero tampoco me gusta Cristina? ¿Qué pasa si nada de lo que me ofrece esta Argentina de hoy me parece razonable?

Si miro la democracia con un ojo cercano al paternalismo, puedo ver que es incorrecto burlarse de la investidura presidencial. Un hijo le debe respeto a su padre. Un ciudadano le debe respeto a quien ejerce la función de conducir el país. (Respeto no es sinónimo de devoción, ojo.) Está claro que no somos niños pequeños y observamos las labores de los funcionarios con todo el juicio crítico del que somos capaces. Y eso no está mal. Mientras se haga con respeto. De ese juicio crítico deberían depender nuestras futuras elecciones.

Si vuelvo a la analogía democracia/paternalismo, debo decir entonces, que todo padre también debe tratar respetuosamente a su hijo. Y por ser padre, no debería dejarse llevar por exabruptos ni debería emitir epítetos, ni insultos ni burlas. Es de esperar de un individuo que nos conduce, que tenga sabiduría, templanza, bondad. Yo espero de un gobernante inteligencia y sentido de equidad y mesura, mucha mesura (en todos los aspectos que uno se pueda imaginar). 

Un presidente no debería "igualarse" al común de los ciudadanos desde el lenguaje burlón, irónico y chabacano a través de twitter o facebook. Si un padre insulta a su hijo, si lo chicanea y lo burla, lo más probable es que reciba de él insultos y chicanas y burlas. El padre se gana el respeto con sus actos. El presidente también. 

Si la política de este gobierno busca "igualar" a la presidente con el común de los mortales a través de estos medios, entonces, debería poder soportar las consecuencias de esta igualdad. Igualdad es igualdad. Tiene una doble vía. (Yo preferiría que se igualara en otros ámbitos más que en este, pero bueno, yo no decido nada.)

Que un allegado a la presidente llame "sicario" a un periodista me parece desmesurado y ridículo y tendencioso. Aunque ese periodista sea Lanata. Aunque no me guste Lanata. Aunque supongamos que todo lo que dice Lanata (y todo lo que dice Clarín) sea un sinfín de barrabasadas. Los sicarios son asesinos a sueldo. Un sicario remite a épocas muy terribles de este país. Y ahí radica parte del problema. Hoy todo remite a esa época. 

La violencia engendra violencia. No es ninguna novedad. No me importa cuál fue el huevo y cuál la gallina. En alguna parte debe terminar. Si miro con ojo paternalista, me inclino a pensar que es en la cabeza donde debe parar. Y si miro con mi bolsillo, con el bolsillo que abona los impuestos todos los meses, entonces, pienso que a mí Lanata no me debe nada. Yo no le pago. No puedo pretender nada de él. El aire es libre. Cada quien puede decir lo que se le ocurra. Pero a todos aquellos que me gobiernan sí les pago mes a mes. A ellos sí puedo exigirles que se detengan en esta guerra ridícula que no lleva a ninguna parte.

La democracia solo se sostiene con respeto. De todas las partes hacia todas las partes. Quizás sea antidemocrático (golpista me resulta excesivo una vez más) que un periodista se burle de sus gobernantes. Pero en ese caso, también es antidemocrático que los gobernantes insulten a los ciudadanos. 

Una vez más, la democracia solo se sostiene con respeto. Y con mesura y con honestidad y con verdad. De arriba para abajo y de abajo para arriba (si es que hay arribas y abajos). Predicar con el ejemplo vale para todos.




sábado, 30 de junio de 2012

domingo, 13 de mayo de 2012


El patriotismo, al igual que cualquier amor, se funda en la voluntad. No sirven de nada las enormes manifestaciones, los discursos grandilocuentes, los deseos ambiciosos de expansión, si los patriotas no están dispuestos a trabajar cada día, a construir, a educar, a sumar. La labor esforzada y la honradez son los únicos fundamentos del patriotismo.
Un pueblo que pretende recibir del cielo las bondades de la vida, es un pueblo indigno, haragán y antipatriota. Lo que se da, en algún momento se quita.

viernes, 23 de marzo de 2012

domingo, 11 de marzo de 2012

El de la justicia es un juego siniestro en el que los abogados hacen las movidas y nosotros somos las piezas de madera.