No sabemos adónde, pero aparentemente se fue un ser ávido de poderes varios. Está claro que en este mundo materialista en el que la muerte es un mal bicho, el fallecimiento del ¿ex? mandatario consterna al público general.
Sin embargo, este inesperado suceso podría facilitar el aumento de popularidad del difunto. A partir de ahora, probablemente, la figura del político sea cuasi deificada.
La lástima le abrirá la puerta a miserias y turbiedades para que escapen y sean olvidadas. Y sentará a su mesa todos los honores. Y entonces, como a menudo sucede, los gusanos devorarán la roña. Y sólo quedará en pie el brillo de los herrajes del ataúd.
Y Kirchner será más grande, más bueno y más honroso. Y entonces, la muerte significará para él una bendición, una ventaja. Le dará la magnanimidad de los difuntos. Porque ¿acaso no crecen los famosos cuando mueren?
jueves, 28 de octubre de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)