jueves, 26 de noviembre de 2009

Asesinato en primer grado

El tipo se llama Dorado. Y jamás vi un nombre más ridículo. Porque éste de dorado, no tiene nada. Es fiero y contrahecho. Sus ojos son chiquitos, están medio cerrados y muy juntos a la nariz, que baja derecha y después hace como una bola en la punta. Y es oscuro, muy oscuro, sobre todo por dentro. Es difícil no notarle la negrura a Dorado. Cualquier observador experto sería capaz de darse cuenta al instante de cómo es este hombre. Se ve a simple vista, si uno afina un poquito el ojo. Porque Dorado, a veces, puede llegar a engañar. Normalmente se hace el tarado. Y el pobre tipo. ¡Y lo bien que le sale! Baja un poco la comisura de los labios, arquea algo las cejas, deja caer más de lo normal sus párpados. Y así, para un inexperto o para alguien que no está del todo en el tema, puede pasar por un desafortunado, más que por lo que es: un reverendísimo hijo de puta.

Dorado tiene una casa medio todo. Medio bonita, medio cómoda, medio económica, con medio jardín (porque el jardín lo debe compartir con sus vecinos de adelante). Y al hombre le queda muy claro que quiere más que medios. Él quiere de todo, mucho, completo y rápido. En verdad, cree que las mitades nunca fueron para él.

Así que decide poner su casa en venta y urde un plan. Ya sabemos que su hogar, así como está, es medio barato. Y Dorado quiere acabar con las fracciones y llegar al entero. A grandes enteros. Saca medios de donde no los hay y en su cabeza los reúne todos y los multiplica por algunos cuartos. Con la ayuda de su consuegro, que es un abogado viejo y bastante zorro, le suma ventajas y desventajas y llega a una única conclusión. Para ganar un precio redondo debe pasar con urgencia de los medios a los enteros. Así que arregla las cosas un poquito por acá, otro poquito por allá y llama a Peral, un martillero medio idiota de la zona norte (porque acá sí le conviene seguir con los quebrados). Dorado convence a Peral de que la casa es bárbara, el barrio es bárbaro, el jardín es genial. “Casa más jardín más buen barrio”, resuelve rápidamente el inmobiliario, “igual a un muy buen negocio.” Y la casa se pone en venta de inmediato. En apariencia, todo está bien. De golpe, la de Dorado se transforma en una propiedad con un living comedor, dos cuartos, un baño completo y un jardín entero. Todo muy bonito y arreglado. O así parece.

Al mes, Dorado aún no ha logrado nada. Ya se impacienta. Él ansía contar billetes, unos sobre otros. Y comprarse un pasaje a Australia, donde vive gente de verdad honesta y su hijastro tiene un taller mecánico en el que él podría hacer fortunas.

Peral está muy tranquilo. “Ya le vamos a encontrar la novia a tu casa, no te preocupés”, le dice a Dorado. Porque después de un mes, Peral y Dorado casi casi son amigos y ya hace rato que se tutean y se palmean la espalda.


Y la novia no tarda en aparecer. Ésta no es medio nada. Es del todo. Del todo inexperta, del todo ingenua, del todo confiada. De inmediato mira la casa y se enamora de ella.

- Es preciosa…- piensa y mira el parque.- ¡Qué lindo jardín!

- Sí, sí.- Dicen Dorado y Peral al unísono. Y el primero agrega: – Usted
puede poner una reja por acá, para separar la propiedad de la de adelante y después se puede hacer una piletita y un arenero para los pibes, porque alguna vez van a venir los chicos, ¿no? Verdaderamente, este jardín es un lujo.

- Y yo le digo- agrega consecuentemente el martillero- que por la zona ya
van quedando pocas propiedades con jardín. ¡Y con esta ubicación! ¡Piénselo bien, señora! Pero rapidito, porque esta propiedad quema. Ya se nos va de las manos.

Y la novia, la compradora (pongámosle un nombre cualquiera, no sé, Alma o Isabel) siente que no tiene nada que pensar. Ésta se parece bastante a la casa de sus sueños. Sobre todo por el jardín. Allí podrá desplegar de una buena vez su colección de orquídeas de palito.

Con la ayuda de algunos amigos, tíos, padres y abuelos, Alma (o Isabel) ultima la compra y, feliz de la vida, se muda a su nueva propiedad.

Es sábado, el día es precioso. Mientras desayuna, Alma observa el jardín y piensa en cuál de las paredes va a colgar sus orquídeas. Busca un martillo y una bolsa de clavitos de acero.

- El dendrobium iría bien por acá.- Se dice entusiasmada y clava el primer
clavo. Ya está terminando de colgar la plantita. Tres muchachos en short se acercan por el pasillito que conduce a la casa de adelante.

- Buenos días, -los saluda Alma, intrigada.

Los jóvenes no contestan. Tiran una chapa en el pasto y le echan una bolsa
de carbón.

- ¿Buenos días?- reitera Alma, pero los tipos ni la miran.

- ¡Qué queréi! ¡No vengá a romper la bola!

Así se entera nuestra desprevenida de que se ha comprado medio buzón. No
sabe qué hacer. Consulta, averigua, investiga. La casa, sin el jardín completo, vale nada. ¡La pucha! ¡Cómo pudo ser tan idiota!

Alma trata de buscar una solución. Llama por teléfono a Dorado, que, por suerte, todavía no logró volar a Australia. Le describe lo que sucede, le pide que negocien, que le devuelva parte de su dinero.

Por supuesto, con los billetes rellenándole los bolsillos, Dorado ya es un estafador completo. No quiere, ni por casualidad, volver a las medias tintas. Y tiene clarísimo que no devolverá ni un centavo.

¿El señor Peral? No sabe nada, no vio nada, no hizo nada. Si cada vez que mostró la casa, el que hablaba era Dorado. Él tiene poco que ver en este asunto. ¿Y va a devolver la comisión? No. Porque, según dice, apenas si le alcanzó para pagar todos los impuestos y las tasas que le impone el Estado.

Alma está desolada. Mira su dendrobium y todos esos clavitos que ya no va a clavar en las medianeras del jardín. Y para peor, suena el teléfono y es su amiga Marga. Tuvo un imprevisto y necesita con urgencia el dinero que le prestó para comprar la casa. Tantos clavitos, tantos clavitos…

Esa noche le cuesta dormirse. Pero finalmente lo logra y sueña con Dorado y con Peral y con todos esos clavos que permanecen inútiles en un cajón de la cocina.

Cuando se levanta, a la mañana, se le parte la cabeza. Busca las aspirinas en el cajón y vuelve a ver los clavos. “¡La puta madre!”, piensa y ahí se le ocurre la idea. Tiene que ser muy rápida para llevarla a cabo. Dorado se quiere ir en el vuelo del sábado.

Lo llama por teléfono. Le dice que está todo bien, que la casa está bárbara, el barrio está bárbaro y el jardín está genial así. A veces se siente sola, le miente y ahora, de esta forma, con esta casa tan preciosa, con estos vecinos encantadores, se siente más acompañada. Le quiere dar las gracias, aclara y promete entregarle unas cajitas coloradas que, según dice, estaban en el estante del fondo del ropero del cuarto más grande. Quedan a las tres. A las tres la visitará Dorado.

Y a las tres de la tarde suena el timbre. Alma espera a Dorado con un tecito
de frutillas. Dorado lo encuentra un poco amargo y le agrega tres cucharadas de azúcar.

- ¿Usted no le pone nada?- le pregunta a Alma.

- No, no. Yo ya soy bastante dulce. No necesito más azúcar.- Los dos
sonríen. – Además, me estoy cuidando.

Diez minutos más tarde, Dorado ronca sobre la mesa. Alma lo acomoda
sobre la silla y lo arrastra hasta el living, donde el piso es de parquet.

Con cuidado, lo recuesta en el suelo y le quita el saco y los pantalones.

Alma toma el martillo y la bolsa con los clavitos. Con ellos dibuja la silueta de Dorado. Y va clavando de a poquito las prendas del tipo en el parquet. Primero las medias, el calzoncillo, la remera. De esta forma, el hombre queda prendido de las tablitas del piso. Pero igual duerme profundo y no se da cuenta de nada. “Va a tardar en despertar”, calcula Alma. “Sí, con tres cucharaditas, va a tardar”.

Entonces, se toma su tiempo. Va al baño, se pinta las pestañas, arregla su pelo. Sale al jardín, descuelga el dendrobium y vuelve a la cocina. Coloca la orquídea en una caja, junto a las otras, abre la llave de gas del horno, vuelve al living, le acomoda a Dorado las manos sobre el estómago. Se asegura de que esté durmiendo bien profundo.

Por último, enciende la velita roja de las buenas ondas que está sobre la mesa del comedor, sale de su casa y cierra la puerta con dos vueltas de llave.

Elizabeth Bengtsson

viernes, 30 de octubre de 2009

Aviso fúnebre

JUICIO POR INCUMPLIMIENTO Y RESCISIÓN DE CONTRATO, q.e.p.d., terminó el 30-10-2009, a los 8 años. Sus deudos, Alejandro Firszt y Elizabeth Bengtsson participan su finalización y lo despiden con una mezcla amarga de indignación y alegría.

Carta

30/10/09


En primer lugar, deseo agradecer a mi buena amiga, Ana Lávaque, que se ocupó de este asunto con voluntad y con cariño, trató de protegernos y de aconsejarnos y estuvo con nosotros en todo momento.

También quiero dar las gracias al Sr. Fernández Madero y a Fernanda, quienes demostraron don de gente y procuraron ayudarnos de alguna forma.

Felicito al Dr. P por su gestión y lo compadezco, pues supongo que el estar obligado a amparar a un criminal no debe ser algo fácil de llevar sobre los hombros. Imagino que todo aquel que estudió abogacía lo hizo con el ideal de defender el bien.

He pasado la vida entera tratando de encontrarle el lado bueno a las cosas. En estos últimos ocho años no me ha sido fácil. Es cierto que esto le produjo un inmenso perjuicio económico a mi familia. Es cierto que todos nuestros sueños estuvieron atrapados y a la espera durante todos estos años. Es cierto que mi hija pasó la mayor parte de su existencia renegando de los tramposos.

Sin embargo, creo que hoy, con la firma de estos papeles y con el pago de estos dineros injustamente solicitados, mi familia y yo recuperamos la libertad. Y podemos hacerlo porque nos acompañan las alas de la verdad. Nosotros sabemos (todos los aquí presentes también lo saben) que el Sr. D obró con mala intención. Nosotros sabemos (tenemos una decena de testigos) que el Sr. D vendió la exclusividad del jardín a propósito, para obtener un beneficio mayor. Nosotros sabemos que intentamos de varias formas llegar a un acuerdo con el Sr. D.
Tal como la jueza expresó en su sentencia, nosotros cometimos el error de no mirar bien todos los papeles. Es cierto. Cometimos el error de creer que dos inmobiliarias y un banco (que nos iba a extender un crédito) serían garantía suficiente. Está claro que no es así. Está claro que hoy en día es necesario vivir acompañados de estos guardaespaldas de la “justicia” que son los abogados.

Si algo me enseñaron estos años infelices es que nunca más me voy a meter en asuntos legales. Aprendí que la ley es un compendio de palabras huecas, sin sentido. Aprendí que la ley es una abstracción en minúscula. Aprendí que no necesito ningún despacho lujoso, ningún juez emérito, ningún abogado con experiencia para conocer cuál es la verdad o para saber dónde encuentro el bien.

Estoy convencida de que, a pesar de todo, la firma de estas escrituras nos otorga a mi familia y a mí una llave para salir a la luz. Esta misma rúbrica, al Sr. D le da una llave para encerrarse. La mentira es una prisión muy estrecha.

Elizabeth Bengtsson



FIRMA ESCRITURA – HACE SABER.


Señora Jueza Postura:
En San Isidro a los 30 días del mes de octubre de 2009, siendo las 13.00 horas, se reúne en la Escribanía a los involucrados, compareciendo la parte actora y reconvenida Sr. AF y Sra. EB y su letrada patrocinante Dra. AL y la parte demandada y reconviniente Sr. DL y sus letrados patrocinantes Dres. P y T. Iniciado el acto, se discuten algunas irregularidades referidas a ciertos vicios de la escritura. Finalmente, a las 15.45 horas, la parte actora procede a abonar las sumas injustamente solicitadas, se abre con sumo cuidado y en silencio cierres y braguetas. Se baja despacio pantalones, bombachas, calzoncillos. Se coloca con dificultad pero solícita –siempre solícita- en posición sobre la mesa. Abre poco a poco las piernas. Reúne la parte demandada los billetes. Los cuenta uno a uno. Los mira, evalúa la autenticidad, los disfruta y procede a actuar. La parte demandada y reconviniente se transforma así en la parte actora y reconvenida. Se firman los papeles con el beneplácito de algunos de los interesados, con lo que se da por terminado el acto y se solicita a VS, dé cierre total y definitivo al Expediente 15851, caratulado “FA Y BE C/LD Y CMR S/INCUMPLIMIENTO Y RESCISIÓN DE CONTRATO Y DAÑOS Y PERJUICIOS”, Expediente que VS podrá caratular y archivar para siempre.
PROVEER DE CONFORMIDAD
SERÁ INJUSTICIA

martes, 27 de octubre de 2009

POSTURA

POSTURA

La mujer común entra en el despacho. Las paredes lujosamente coloradas muestran sus dos diplomas en marcos de oro, la cruz de madera, el Cristo de bronce.
Su Eminencia, la Jueza Postura se acomoda en el sillón de cuero. Sacude los rulos falsamente rubios, arquea las pestañas falsamente largas, resuena las uñas falsamente rojas en el escritorio de caoba oscura.
- Sí.- dice.
- Sí.- Repite la mujer común. Y piensa que las reproducciones de Doré del difunto juez anterior eran más lindas.
La Jueza Postura acomoda una pila de legajos. Se toma las manos encima de la mesa repleta de papeles ordenados.
- Sí.- Vuelve a decir. Y la mujer común la mira profundo. A los ojos.

Por un momento juegan a que Postura es jueza por mérito propio, que su marido no tuvo nada que ver en este asunto. Por un instante hacen como que la decisión que tomó fue la correcta. Por un ratito simulan que ahí adentro reina la Justicia.


Se observan. Se evalúan. Se miden.

La eminente Jueza Postura actúa gestos de equidad. Una mentira pegajosa se le escapa de la boca y se chorrea y le corre el maquillaje. Se limpia el labial con la punta del dedo índice.

La mujer común la mira hacer. Jamás se olvidará de esa cara. Está segura.

La jueza recorre con la vista las facciones de la otra. Desprecia el pullover violeta de agujeritos calados, que no combinan para nada con los zapatos chatos y la babucha negra. Pero sonríe impunidad.

- Bueno.- Dice la mujer común.
- Bueno.- Repite la Jueza Postura y camina hacia la puerta. Le extiende su
mano floja. Le mira condescendiente la cara lavada. Sabe bien que, por suerte, mañana ya no se va a acordar de nada.